La Paz · A orillas del Titicaca
Copacabana
El pueblo a orillas del Titicaca, puerta a la Isla del Sol y escenario de su propio carnaval.
Por qué ir
Muchos llegan a Copacabana pensando solo en subir a una lancha rumbo a la Isla del Sol. Pero basta caminar una tarde por sus calles para entender que el pueblo merece su propio tiempo. Aquí el lago lo llena todo: la luz, el viento frío que baja de los cerros, el olor a trucha recién hecha que sale de las terrazas.
Y cuando llega el carnaval, Copacabana se transforma: niños con cintas de colores, música en cada esquina y una alegría que contagia hasta al viajero más cansado. Fuera de las fiestas, en cambio, vuelve a su calma de siempre, la de un pueblo a casi 4.000 metros que vive al ritmo del Titicaca.
En las calles
Un pueblo que se vive tanto como se visita.
"Desde hace siglos, peregrinos de todo el altiplano cruzan montañas y lago para llegar a los pies de la Virgen de Copacabana."
Dónde comer
Terrazas, truchas y algo de todo el mundo.
Aquí hay un plato que no se discute: la trucha del Titicaca, a la plancha, al ajo o frita, casi siempre con arroz, papas y ensalada. Las terrazas que bajan hacia el lago la ofrecen en su menú del día, como el restaurante Juyra, y para un descanso más largo, el patio-jardín del Europa Café es un pequeño refugio del sol de altura. También hay opciones de desayuno, hamburguesas y comida vegetariana para quienes llevan días de viaje.
Cómo llegar
Copacabana está a 3-4 horas de La Paz por carretera, cruzando el Estrecho de Tiquina en balsa (el coche o bus sube a una barcaza para cruzar ese tramo del lago). También se llega desde Puno, en Perú, para quien combina ambos países en el mismo viaje.
El cruce de Tiquina es uno de los momentos más curiosos del viaje: el bus sube a una barcaza de madera mientras los pasajeros cruzan aparte, en una pequeña lancha, con el lago extendiéndose a ambos lados. Al otro lado, la carretera sigue bordeando el agua y cada curva regala una nueva postal del Titicaca.
Dónde alojarte
Del hostal sencillo a los tejados imposibles.
Copacabana tiene alojamiento para todos los bolsillos: hostales sencillos cerca de la plaza y del embarcadero, y hoteles en las laderas con vistas abiertas al lago. Vale la pena pagar un poco más por una ventana al Titicaca: ver cómo el atardecer tiñe el agua de naranja, desde tu propia habitación, es parte del viaje.
El embarcadero
Desde aquí salen las lanchas hacia la Isla del Sol y la Isla de la Luna — el motivo por el que la mayoría de viajeros pasa por Copacabana, aunque el pueblo se merece su propio tiempo antes de subir al barco.
La mayoría de las lanchas a las islas salen por la mañana, así que conviene llegar temprano y comprar el boleto en las casetas de la playa. Si te quedas en el pueblo, la orilla tiene su propio plan: hidropedales y kayaks para salir a flotar un rato sobre el lago navegable más alto del mundo.
Uno llega a Copacabana de paso hacia las islas. Pero se va con el lago metido en la memoria: la luz, el silencio y esa sensación de estar en el borde del cielo.