Mariposario
Entras a la gran cúpula y el aire empieza a moverse: cientos de alas de colores revolotean a tu alrededor, se posan en las flores y, si tienes suerte, en tu hombro. Ve temprano, cuando el sol las despierta.
Santa Cruz · A 20 minutos de la ciudad
Mariposas, orquídeas, monos y piscinas entre la vegetación del oriente — sin salir de Santa Cruz.
Por qué ir
Santa Cruz late deprisa: bocinas, calor húmedo, avenidas que no descansan. Pero basta cruzar el río Piraí y subir hacia el Urubó para que la ciudad se apague a tus espaldas. En apenas 20 minutos, el asfalto da paso a senderos de tierra, el ruido a cantos de aves, y el aire se vuelve espeso, verde, cargado de olor a hojas mojadas. Has llegado a Güembé.
Su nombre viene del güembé, una planta de hojas gigantes y recortadas que crece en los bosques del oriente boliviano, y no podría ser más acertado: aquí la naturaleza manda. Un graznido rompe el silencio y, al levantar la vista, un par de parabas rojas cruza el aviario como una llamarada. En el mariposario, cientos de alas se encienden con el primer sol de la mañana. Entre las ramas, un mono capuchino te observa con la misma curiosidad con la que tú lo miras a él.
Güembé es una ventana al oriente boliviano sin salir de la ciudad: un lugar para caminar despacio, mirar de cerca y, cuando el calor aprieta, dejarse caer en una piscina rodeada de selva. El plan perfecto para un día libre en Santa Cruz, para viajar con niños o para descubrir la fauna y la flora de la región antes de adentrarse en la Amazonía o el Amboró.
Qué hay dentro
Entras a la gran cúpula y el aire empieza a moverse: cientos de alas de colores revolotean a tu alrededor, se posan en las flores y, si tienes suerte, en tu hombro. Ve temprano, cuando el sol las despierta.
Uno de los más grandes de Sudamérica: casi 100 aves a pocos metros, en un estallido de rojo, azul y amarillo.
Flores que parecen esculpidas a mano, escondidas a la sombra de la selva.
Miradas curiosas entre las ramas: monos como el capuchino, a pocos pasos del sendero.
Sin prisa, como siempre: las tortugas del oriente boliviano, junto al terrario y el pantano.
Después de recorrer la selva, el premio: piscinas para escapar del calor cruceño y lagunas para remar en kayak, incluidos en la entrada. Además: meliponario de abejas nativas sin aguijón, minigolf y Jungla Aventura.
Entre la selva, arte
Entre senderos y jardines aparece el parque escultórico de Güembé. Su pieza más fotografiada es este tronco gigante tallado a mano, donde monos, aves, reptiles y felinos se suben unos sobre otros: un resumen, en madera, de toda la vida que guarda el oriente boliviano.
Antes de ir
Miércoles a domingo y feriados, de 9:30 a 17:30.
Ve a primera hora: más fresco y con los animales más activos.
Adultos (13–59 años): 160 Bs · Niños (5–12) y mayores de 60: 70 Bs.
Incluye piscinas, kayak, canchas y el recorrido guiado por mariposario, orquideario y aviario.
Km 7 del camino a Porongo, en el Urubó.
15–20 minutos en auto o taxi desde Equipetrol. También hay excursiones con traslado desde la ciudad.
Traje de baño, toalla, protector solar y repelente.
Mejor protector biodegradable. Los fines de semana se llena: llega temprano.
Cabañas y habitaciones para un máximo de 40 huéspedes.
Plazas limitadas: reserva con tiempo y despierta con los tucanes.
Precios y horarios según la web oficial del parque (octubre de 2026). Confírmalos antes de ir.
Créditos de las fotos
Fotos de Wikimedia Commons, usadas bajo licencias libres: